Actualmente, en nuestra sociedad el fotoenvejecimiento tiene cada vez una mayor relevancia ya que al natural envejecimiento cronológico de la piel, acentuado por una mayor esperanza de vida, se une la existencia en la sociedad de unos patrones de belleza donde la acción del sol juega un papel protagonista. Afortunadamente, cada vez es mayor la concienciación de la población de cara a tomar medidas protectoras y preventivas ante esta exposición al Sol. Y además, gracias a un mayor conocimiento de la piel y los complejos mecanismos de defensa que tienen lugar en su interior, se van conociendo estrategias que ayudan a revertir los signos de este fotoenvejecimiento. Un ejemplo: El uso de proteoglicanos.
- Piel normal composición, función y efecto del fotoenvejecimiento
- Proteoglicanos asociados a antioxidantes. Una solución frente al fotoenvejecimiento
- Utilización
- Piel normal composición, función y efecto del fotoenvejecimiento
La piel es un órgano de gran importancia para nuestro organismo y es por ello que es fundamental su cuidado (de hecho es el más grande y extenso, ocupando una superficie de unos 2 m2 y teniendo un peso aproximado de 1/6 de nuestro peso total). Se trata de la primera barrera defensiva del organismo frente al medio exterior al tiempo que permite una comunicación del organismo en respuesta a los diferentes estímulos que recibe desde el medio exterior. Esta capacidad defensora y mediadora en dicha comunicación se basa en la propia composición y estructura que posee nuestra piel. Cada vez se va conociendo más y más esta composición, lo cual va demostrando la enorme complejidad y dinamismo de la piel.
Toda nuestra piel está formada por tres capas, y éstas a su vez están formadas por otras subcapas. Cada una de estas capas y subcapas poseen una composición y una función diferentes. Del mismo modo, la piel de cada parte del organismo posee unos espesores de estas capas diferentes que le confieren unas funcionalidades y respuestas ante estos diferentes estímulos del medio exterior que interactúan con ella. Por esta razón, por ejemplo, el color de los labios es rojo frente al de la cara, que oscila desde el blanco hasta el negro y los mismos labios se vuelven azules por efecto del frio antes que la piel de otras partes del cuerpo, por ejemplo, la cara. Finalmente, y para rizar el rizo, a lo largo de las diferentes etapas de nuestra vida y de los diferentes genotipos existentes, también van cambiando las composiciones de las diferentes capas y subcapas de la piel de tal manera que las funcionalidades y capacidades de respuesta también son diferentes. Se trata por tanto de un órgano muy variado, dinámico y con una gran capacidad de cambio que le permite reaccionar ante los diferentes estímulos.
En condiciones normales esta estructura y composición de la piel permite proteger al organismo inmunológicamente, protegerlo del frio, protegerlo del calor (mediante su capacidad de mantener un equilibrio homeostático de líquidos corporales en su interior), protegerlo de las radiaciones solares (a través de la melanina y del engrosamiento de la capa córnea mas exterior), o almacenar gran cantidad de agua (gracias a la presencia de macromoléculas como el proteoglicano ácido hialurónico, que es necesario para este control de la temperatura o el mantenimiento una textura gelatinosa de la piel gracias a la presencia en el agua de la matriz extracelular de la dermis de la piel de multitud de otras macromoléculas como otros proteoglicanos, colágeno, elastina o glicoproteinas).
Como se acaba de exponer, la piel tiene una gran capacidad, aunque limitada, de respuesta ante agresiones de diferente tipo gracias en gran medida a su gran capacidad retentiva de agua. Como se ha expuesto esta capacidad es limitada y una sobreexposión a estos agentes dañinos tiene consecuencias directas en la salud y en nuestra imagen. La textura tersa de la piel es una excelente prueba del correcto estado de hidratación de la piel. Es por ello fundamental la correcta hidratación de la piel para que ésta siga manteniendo sus capacidades funcionales y estructurales intactas. En este sentido, la radiación solar se trata sin duda de una de las agresiones más importantes a las que se expone nuestra piel. Así, el fotoenvejecimiento o envejecimiento prematuro de la piel por efecto de una sobreexposición al sol (también denominado extrínseco) tiene una enorme importancia no sólo desde un punto de vista de la salud sino también estético y además, se suma al propio envejecimiento natural de la piel (también denominado intrínseco).
Desde un punto de vista de salud, ambos envejecimientos afectan al correcto desarrollo de las funciones de barrera y de comunicación de la piel con el medio exterior y a un aumento de la susceptibilidad de cara a sufrir un cáncer de piel. Así, por ejemplo, nuestros mayores, al tener una piel mucho más fina debido al envejecimiento natural de la piel, son mucho más proclives a padecer una deshidratación en verano que afectará a los mecanismos propios de defensa y de comunicación entre el organismo y el medio exterior y son también más sensibles a dicha radiación solar (al tener una piel mucho más fina y mucha menor capacidad de neutralizar los radicales libres mediante el uso de mecanismos antioxidantes).
Paradójicamente, por tratar de emular unos patrones de belleza donde el color bronceado de la piel es el objetivo a alcanzar, podemos llegar a ignorar otros patrones de belleza como la elasticidad y tersura que evitan la flacidez y pérdida de volumen de la piel tan importante psicológicamente también en la percepción qué tenemos de nosotros mismos.
Centrándonos en la piel facial (ya que, junto con la del escote y las manos, es la porción de piel más expuesta al Sol), una de las consecuencias principales de la sobreexposición solar sobre la piel debidos a la radiación UV del sol es la producción de radicales libres que provocan un estrés oxidativo cuando se superan los mecanismos de defensa naturales del propio organismo que lo contrarrestan y que da lugar a un daño a nivel celular y del ADN. Esta radiación UV del sol puede ser de 3 tipos: A, B y C. La C es filtrada por la atmósfera y no nos llega a nosotros, pero la A y B sí. Ambas son capaces de atravesar tanto la epidermis como la dermis, pero no la más profunda, denominada hipodermis. La luz solar es beneficiosa y necesaria para la síntesis de vitamina D (a su vez necesaria para la absorción del calcio y fósforo que se requiere para el mantenimiento de nuestros huesos), aunque la exposición diaria para dicha función es el equivalente a la exposición de unos pocos cm2 de nuestra piel durante aproximadamente 15 min en las horas centrales del día. Todo lo que supere ese tiempo se considera sobreexposición y por tanto sería necesario tomar medidas protectoras.
Pues bien, la radiación UV B es la necesaria para la síntesis de esta vitamina D, pero también es responsable del eritema solar que se produce en nuestra piel cuando sufrimos una sobreexposición y del daño que sufre el ADN de las células de nuestra piel.
Mientras que la radiación UV A es la responsable de fotoenvejecimiento cutáneo o prematuro de la piel.
Este daño sobre el ADN a partir del fotoenvejecimiento cutáneo se origina a partir de la formación de radicales libres al interaccionar esta radiación UV sobre las diferentes estructuras de nuestra piel. Nuestra piel tiene sus propios mecanismos antioxidantes de defensa que contrarrestan la formación de estos radicales libres, pero cuando estos mecanismos son insuficientes se produce el daño o estrés oxidativo. De ahí la importancia de la concienciación sobre la población en la toma de medidas equilibren esta balanza.
¿Cómo afecta el fotoenvejecimiento a cada capa de la piel?
EPIDERMIS
Es la más superficial y está formada por varias capas, en la primera y más profunda se producen las células denominadas queratinocitos. Estas células producen la proteína queratina y sufre un proceso de paulatina diferenciación y compresión a medida que va migrando hacia la superficie de la epidermis dando lugar a las diferentes capas existentes. En cada una de estas capas se sintetizan distintas queratinas y el grado de compresión entre las células va aumentando hasta el punto que en la última capa, esta compresión es tal, que las aproximadamente 20 subcapas de células carecen de núcleo y están muertas (denominándose en este estadio corneocitos) y van descamándose. Este proceso de recambio es dinámico y constante, y se estima que desde la producción de los queratinocitos hasta la descamación de los corneocitos en la superficie de la piel pasan aproximadamente cuatro semanas. Los queratinocitos hasta llegar a ser corneocitos están unidos entre sí por una emulsión hidrolipídica formada a partir de las glándulas sebáceas y sudoríparas situadas en la dermis más profunda.
Las queratinas y esta emulsión hidrolipídica son muy importantes para que la epidermis desarrolle su función barrera y protectora. La queratina dando soporte estructural a la epidermis que le permite protegerlas de la abrasión, golpes y presión gracias a su dureza. En respuesta a una sobreexposición solar, la epidermis sufre un proceso de engrosamiento, que no es más que un mecanismo de defensa frente a la radiación solar y que hace que las arrugas finas propias de envejecimiento natural de la piel se conviertan en arrugas profundas. Y la emulsión hidrolipídica protegiéndola de infecciones bacterianas y fúngicas gracias al pH ácido de su fase acuosa. Al mismo tiempo, esta emulsión permite aportar una cierta flexibilidad que compensa la rigidez de los corneocitos.
DERMIS
A diferencia de la epidermis, en la dermis la concentración celular es mucho más pequeña. De manera que las células existentes en ella, principalmente fibroblastos y, en menor número, mastocitos y células implicadas en mecanismos de defensa inmunológicos, están literalmente flotando en un medio acuoso denominado matriz extracelular (la dermis es el principal depósito de agua de la piel). Además el espesor de ella es unas 10 veces mayor al de la epidermis. El papel de los fibroblastos es muy importante, en la medida que son los responsables de la síntesis de una gran cantidad de macromoléculas: colágeno, elastina y proteoglicanos, existentes en la matriz extracelular que juegan un papel crucial en desarrollo de las principales funciones de la dermis.
La matriz extracelular ocupa la mayor parte de la dermis y está muy vascularizada tanto por vasos sanguíneos como linfáticos, llena de receptores sensitivos (de presión y de temperatura) y de raíces pilosas y glándulas sebáceas y sudoríparas responsables de de la formación de la emulsión hidrolipídica protectora que migra a la epidermis y participa en la unión de los queratinocitos.
La matriz extracelular está compuesta, por tanto, principalmente por agua y además por una serie de moléculas de gran porte sintetizadas por los fibroblastos que le hacen conferir a su vez un aspecto gelatinoso. Esta textura gelatinosa ayuda a aportar a la piel el grado de tonicidad y turgencia necesario para servir de soporte físico, tanto a los mismos fibroblastos y resto de células de la dermis, como a los vasos, receptores sensitivos, raíces pilosas y glándulas.
Las macromoléculas más importantes son las proteínas de colágeno (la macromolécula más abundante) y de elastina, proteoglicanos (entre los que destaca el ácido hialurónico, decorina o lumican) y glicoproteínas libres.
Todas estas macromoléculas son muy complejas estructuralmente y se sintetizan en los fibroblastos como proformas que una vez en la matriz extracelular y tras sufrir una serie de reacciones bioquímicas dan lugar a cada una de ellas. De igual modo que los fibroblastos las sintetizan, estos también sintetizan las enzimas responsables de su degradación favoreciendo las reposición y recambio natural de las mismas. Con el paso de los años y a partir de una edad determinada, en torno a los 30 años de edad, esta actividad enzimática aumenta de manera que se supera el grado de reposición y como consecuencia estas macromoléculas van siendo cada vez más escasas en la mayoría de los casos.
Tener un conocimiento tanto cualitativo como cuantitativo de estas macromoléculas en la matriz extracelular es muy importante. Ya que cada vez más, a su importantísimo papel desde un punto de vista estructural sobre la piel (tanto por su gran tamaño y estructura fibrosa como por su altísima capacidad de retención y fijación de agua), se le une el también cada vez más estudiado y conocido desde un punto de vista de intermediadores metabólicos.
Así, una de estas macromoléculas, los proteoglicanos, se pueden unir y secuestrar factores de crecimiento de la matriz extracelular provocando por tanto, o bien su inactivación, o bien su presentación a sus correspondientes receptores iniciando así las correspondiente señales celulares en la matriz extracelular implicadas en las diferentes reacciones bioquímicas que tienen lugar en la dermis. Son por tanto mensajeros moleculares que permiten también la llegada de nutrientes para la dermis y epidermis. Cada vez es más patente y estudiado la relación de los proteoglicanos en el mantenimiento óptimo de la homeostasis dérmica durante el natural envejecimiento cronológico de la piel. Intervienen en la detección de deficiencias en el colágeno y la elastina además de participar en su síntesis por parte de los fibroblastos. Recientemente se han descubierto el papel de los proteoglicanos en la formación de estructuras en torno a los vasos sanguíneos de la dermis que intervienen en esta homeostasis. También forman superestructuras unidos a otras macromoléculas como el colágeno dando lugar a unas fibras de colágeno más fuertes.
Los cambios que tienen lugar en la piel durante el envejecimiento de la piel pueden ser intrínsecos (cuando es de manera natural) o extrínsecos (debido a factores ambientales, entre los que destaca el fotoenvejecimiento). Mientras que como resultado del envejecimiento natural la piel se caracteriza por la existencia de una epidermis delgada y la aparición de finas arrugas, durante el fotoenvejecimiento, fruto de una sobreexposición solar, la piel se caracteriza por presentar profundas arrugas, laxitud en la piel, telangiectasias y aparición de léntigos solares. De esta manera queda patente la aceleración que provoca en el envejecimiento de la piel una sobreexposición solar.
El principal mecanismo molecular implicado en el proceso de envejecimiento cutáneo en la dermis es la pérdida de colágeno y un incremento de la actividad de las enzimas metaloproteinasas, a través de los radicales libres que se generan a partir del estrés oxidativo. Aunque esto también le sucede a los proteoglicanos (en mayor grado en las mujeres, de manera general, que en los hombres). Esta pérdida macromolecular afecta por tanto a todas las funciones en las que estaban involucradas. En el caso de la elastina, lo que le ocurre es un engrosamiento que le hace perder su elasticidad. Aunque la proteína elastina es muy escasa en la dermis, su papel es fundamental. Pues al unirse al colágeno, confieren a la piel la elasticidad y resistencia propias de la piel joven.
Cuando sufrimos una sobreexposición solar, la radiación UV es capaz de generar radicales libres en su interacción con las moléculas de la piel que aceleran este envejecimiento. De tal manera que se convierten moléculas con una gran capacidad de lesionar a todas las estructuras de la piel y que lleva a una degradación y reducción de su número que afecta a su función estructural (perdiendo la piel su turgencia, elasticidad, capacidad de retención de agua, etc.) y metabólica (disminuyendo la capacidad de los proteoglicanos de transporte de nutrientes, señales celulares, papel regulador de la homesostasia, etc.). Esta pérdida de agua en la matriz extracelular de la dermis conlleva a su vez a una pérdida de volumen de la piel, que afecta a la correcta circulación de sangre que da lugar a la pérdida de color de la piel. Aunque el organismo y la piel en concreto poseen sus propios mecanismos de defensa antioxidantes frente a esta agresión solar por radicales libres, la sobreexposición hace que sean insuficientes.
HIPODERMIS
Es la capa más profunda de la piel y está formada fundamentalmente por células adiposas que forman una capa aislante y esponjosa gracias a la presencia entre ellas de moléculas de colágeno. Al igual que la dermis, también está vascularizada. En este caso, una sobreexposición a la radiación solar tiene como consecuencia una pérdida en el número de celular adiposas que se suma a la pérdida de volumen de piel en la dermis.
- Proteoglicacanos asociados a antioxidantes. Una solución ante el fotoenvejecimiento
Así, la mayoría de tratamientos dirigidos al prevenir el fotoenvejecimiento llevan en sus composiciones antioxidantes y moléculas como los proteoglicanos. Ingredientes que ayudarán a la piel a contrarrestar los signos de envejecimineto cutáneo desde un punto de vista estético y de la salud. Las estaciones de verano y otoño son un buen momento para contrarrestar los efectos negativos de la sobreexposición solar sufrida por la piel facial. Cada vez más existen en el mercado nuevas soluciones, pero todas están basadas en el mismo principio. Recientemente, los laboratorios ISDIN han puesto en marcha una nueva línea cosmética ISDINCEUTICS en la que se incluye Flavo-C Ultraglican. Éste, además de contar en su composición con potentes antioxidantes, como la vitamina C, en combinación con Gingko Biloba( gracias a lo cual se ha conseguido mantener la estabilidad de la vitamina C mas allá de 10 horas en la piel), cuenta con una combinación de proteoglicanos y pre-proteoglicanos, que una vez llegan a la dermis aceleran la síntesis de ácido hialurónico y otros proteoglicanos que ayudan a revertir todos los signos del fotoenvejecimiento devolviendo a la piel toda su tersura, flexibilidad y luminosidad y que es la mejor prueba de que la piel está de nuevo en condiciones de llevar a cabo correctamente las funciones de barrera y de comunicación con el medio exterior. Se estima que Flavo-C Ultraglican es capaz de aumentar por 4 la producción de ácido hialurónico (que gracias a su gran capacidad de retener agua logra que volvamos a tener una piel de nuevo hidratada) y unos aumentos significativos en torno al 70% de la biosíntesis de los proteoglicanos extracelulares decorin y lumican tan abundantes en la dermis que ayudaran a mantener la homeostasis en la dermis ayudado por el aumento del estado de hidratación conseguido por el espectacular aumento que provoca de ácido hialurónico.
- Modo de empleo de Flavo-C Ultraglican
Se aplica ½ ampolla por la mañana y por la noche sobre la piel limpia y seca, realizando un pequeño masaje hasta su completa absorción.
Bibliografia:
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- www.eucerin.es
